
Fin de semana. Peregrinación, templo del cinematógrafo. Danny Boyle, director de genialidades como 28 Days After, y churros como The Beach, nos trae un melodrama con sabor a Bollywood. He visto muchas películas que hablan sobre el destino, pero esta ha entrado a mi top diez. El guión es muy bueno, narrando la historia de tres pequeños niños que se ven repentinamente dependiéndo únicamente de ellos mismos para sobrevivir en Bombay, salidos de los arrabales (Slums). Viven en varios actos, diversas aventuras y desventuras que nos ayudan a comprender las razones por las cuales Jamal, el presonaje principal, está concursando en la versión hindú del popular programa Who wants to be a millionaire. La fotografía es impresionante, mostrando los diferentes ambientes hindús en los que la trama se va desarrollando pero lo que verdaderamente destaca es el montaje. Brillante en su totalidad. Claro, hay que mencionar las actuaciones de cada uno de los niños y muchachos que representan a nuestros 3 protagonistas a través de tres etapas principales de su vida. Rodeados de muchas referencias al cine hundú, así como uno que otro evento histórico, sucesos graciosos y otros increíblemente dramáticos yo sólo le encontré un sólo error a la película, y claro es bajo mi criterio. No lo puedo mencionar porque les estaría contándo la película, pero lo dejo en los comentarios para el que ya la haya visto y quiera compartir conmigo su propia opinión (no ver si no quieren un spoiler enorme). Es una gran película, que vale la pena ir a verse al cine por su excelente diseño de sonido, la música y sobre todo, porque ver en esa fantástica pantalla las aventuras de estos tres mosqueteros, es algo digno de experimentar donde sólo debería experimentarse. En los cinemas.
Slumdog Millionaire, recibe una coca fría y nachos, sin queso extra.